RUBRICATUS

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Isabel García Trócoli debuta en la novela histórica con una obra ambientada  en la fundación de la Barcelona romana. La Ciudad Condal ha sido objeto de numerosas ficciones históricas en casi todas las épocas posibles,pero quizá la romana haya sido la más olvidada por los escritores.

Ahora con Rubricatus,se solventa este vacío. La autora,como historiadora y arqueóloga,es buena conocedora del pasado y,además,colabora como guía en el Museu d’Història(MUHBA)de Barcelona.

Entre los turistas que visitan Barcelona,se ha puesto de moda subir a una colina,el turó de la Rovira,desde donde hay unas vistas magníficas de la ciudad. Bajo las baterías antiaéreas republicanas hay sepultado un poblado layetano. El descubrimiento de esas Barcelonas,la indígena y la romana es sorprendente y cubre,en cierto modo,este vacío histórico existente hasta ahora.

Bajo el barrio gótico se extienden más de cuatro mil metros cuadrados de excavaciones de talleres,calles y casas romanas. Barcelona,jurídicamente hablando,nace el día en que unos magistrados romanos refrendan la ley municipal. En Rubricatus se ha atrevido a retratar a Augusto presidiendo el acto fundacional,antes de volver a Roma(por Dión Casio sabemos que regresó ese mismo año de Hispania). No en vano Barcino lleva el título de Augusta. Sin embargo,sería injusto olvidar que en la colina de Montjuic (mons lovis para Pomponio Mela) existió un poblado layetano,quinientos años antes de la colonia y constituye el verdadero origen de la ciudad actual. La Barkeno prerromana nació y prosperó gracias al Rubricatus (actual río Llobregat),una verdadera arteria comercial con el interior. El río «rojo» desembocaba entonces en una pequeña bahía cuyas playas estarían hoy en día alejadas tres kilómetros del mar.

Todo empezó con no más de tres mil almas. Rufo Festo Avieno nos habla de la bondad del territorio de Barcino,de su seguro puerto y su abundante agua dulce. San Paciano,uno de los primeros obispos de la ciudad,informa que allí se vivía en la opulencia y que no faltaban lugares de reposo para la vejez junto al mar. No obstante,los autores clásicos son parcos en información sobre el período de cambio de Barkeno a Barcino. Afortunadamente disponemos de los datos de la arqueología.

Es curioso que, en la actualidad,denominamos «área metropolitana» al hinterland de la antigua Barcino. Lo mismo sucede con el área centuriada por los ingenieros de la IV legión Macedónica,la X Gémina y la VI Victrix. Esta parcelación se fosilizó en los caminos de época medieval sobre los que,a su vez,trabajó Ildefonso Cerdà cuando tuvo que proyectar el «ensanche» barcelonés. Algunas calles de la ciudad actual lo eran ya hace veinte siglos. Las legiones citadas,que conocemos porque dejaron una inscripción en el puente romano que,aún hoy,se alza en Martorell (antigua Ad Fines) sobre el Rubricatus,no sólo fueron las responsables de la construcción de Barcino,sino también de otras importantes infraestructuras.

Hasta ahora los habitantes de Barcino eran simples nombres cincelados en lápidas. Rubricatus les otorga vida y voz,por ejemplo,Fabia Tertula,la nutrix (ama de cría),es la primera mujer de Barcelona de la cual conocemos su profesión;el comerciante de vino Julio Aniceto que es un viejo conocido de los arqueólogos especializados en ánforas romanas del Bajo Llobregat o Annia Layetana,esposa de Mamilio Primero (¿una indígena casada con un romano?,muy probable).

Lo más complicado ha sido la recreación de los layetanos,de los cuales no se sabe prácticamente nada,excepto por la arqueología. Para poder imaginar sus rituales se ha basado en pueblos coetáneos y cercanos,como los celtas,pero también en la etnografía catalana y en las noticias de San Paciano sobre las costumbres paganas de algunos cristianos de la ciudad (como la celebración de fiestas donde se visten de animales).

FOTO: Glorix.