El escarnio público fue una condena habitual durante la edad media y Barcelona no era una excepción. Se aplicaba a los reos acusados de algún delito grave que casi siempre acababa con la ejecución del desdichado. En la plaza del Rei aún se alza una columna en cuya parte superior se exhibía públicamente al convicto para que el pueblo se cebara en él a base de mofas y lanzamiento de objetos.
La columna se encuentra adosada a la fachada de la antigua capilla real de Sta. Àgueda y justo al lado de la que fue la casa más estrecha y pequeña de la ciudad,que habitaba el verdugo. Hoy,tanto la capilla como la casa de tan tétrico funcionario se encuentran integradas en el Museu d’Història de la Ciutat. La columna de la vergüenza está rematada por una parte plana de aproximadamente un metro cuadrado y puede leerse inscrito justo debajo el año en que se erigió,1644. Allí se ataba al reo por el tiempo establecido en la condena.

FOTO: GLORIX
Si se trataba de un condenado a muerte,el escarnio público se aplicaba en Barcelona a través de un recorrido conocido como «Bòria avall». Consistía en un paseo al que era sometido el reo normalmente subido y atado a un asno. La comitiva partía de la prisión ubicada en la plaza del Rei. Por la actual calle del Veguer llegaba a la Baixada de la Llibreteria. Continuaba por Bòria,de ahí el nombre del recorrido,hasta la capilla de Marcús. Entonces,se tomaba la calle Montcada hasta el Born.
Por la calle Vidreria,la procesión del bochorno continuaba por la plaza de las Olles,el Pla de Palau y la calle Ample,para tomar entonces la calle Regomir y Ciutat hasta la plaza St. Jaume. Seguía por la calle del Bisbe hasta la plaza Nova,donde se adentraban en la hoy desaparecida calle Corríbia,Comtes de Barcelona y de nuevo a la plaza del Rei,donde se ejecutaba finalmente al condenado.

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La caravana del escarnio se detenía frecuentemente para que fuera leída la sentencia. También era habitual que en estas paradas se fuera azotando la espalda del reo,que solía vestir tan solo un blusón y llevaba un ridículo sombrero en forma de cucurucho con cascabeles para completar la humillación.